dilluns, 17 de desembre del 2012

Antonio Buero Vallejo



Antonio Buero Vallejo
(Guadalajara, 1916 - Madrid, 2000) Dramaturgo español cuyas líneas maestras obedecieron al propósito explícito de lograr una síntesis de dos estilos que, en sí mismos, son antagónicos, el realismo y el simbolismo, y que a lo largo de su producción se pueden ver integrados en armonía.
Luchó en las filas republicanas y, al término de la guerra civil, permaneció varios años en la cárcel franquista, donde coincidió con Miguel Hernández. En 1949 se dio a conocer, y obtuvo el premio Lope de Vega, con Historia de una escalera, que trata de las aspiraciones y frustraciones de los inquilinos de una casa de vecinos del viejo Madrid. La obra causó impacto por su realismo y su contenido social.

En sus primeras obras, Buero Vallejo se propuso desvelar la angustia y soledad en las que se debate la existencia humana, casi siempre en condiciones mediocres cuando no hostiles. Representativas de esta primera tendencia son la citada Historia de una escalera y Palabras en la arena, ambas de 1949.

En la etapa posterior, particularmente vasta, el autor muestra una tendencia al mito, la leyenda y la fábula, en obras como En la ardiente oscuridad (1950), La tejedora de sueños (1952), Madrugada (1953), Hoy es fiesta (1956), Las cartas boca abajo (1957), La doble historia del doctor Valmy (1964), El tragaluz (1967),Llegada de los dioses (1971), La fundación (1974),Caimán (1981), Diálogo secreto (1984), Lázaro en el laberinto (1986) y Música cercana (1989).

Una poderosa tendencia que anima su teatro es incorporar, convenientemente retocadas, corrientes antiguas del teatro español que han sido desdeñadas. Otro de los ejes de su dramaturgia es la preocupación por la realidad española y el intento de propiciar una reflexión apasionada y serena, rigurosa pero abierta, que abra la conciencia civil al espejo de la historia.

dimarts, 4 de desembre del 2012

El Teatro Social


Teatro social: cuando el teatro se enreda con la vida diaria



Transforma a los espectadores en actores y promueve la resolución de situaciones conflictivas con técnicas teatrales. El movimiento del teatro social o teatro del oprimido es todavía muy desconocido en España.
Imagina. Una joven negra sube a tu autobús. Un inglés borracho le exige que le ceda el asiento porque “no tiene papeles”. Y, en la siguiente parada, sube abordo un español que reclama el asiento al inglés porque está bebido y le considera escoria social.

¿Cómo reaccionarías?, ¿cómo reaccionaría el resto de viajeros del autobús? Esta es una de las propuestas que se plantea el teatro social.

Esta situación ocurrió realmente en un autobús cualquiera. Y, aunque los viajeros nunca se enteraron, los tres protagonistas eran actores cuyo único fin era interpretar un conflicto y con él provocar la reflexión.

Los actores tratan de conducir el debate y los pasajeros se implican mucho: “Los actores tienen que tener mucho tacto. En el público hay todo tipo de respuestas. Hay gente que responde muy enérgicamente y otros que se callan”, explica Diego Marín, director de este sketch.

Instrumento para resolver conflictos

Un concepto tan amplio como el teatro social puede referirse al teatro como terapia o al teatro con contenidos más reivindicativos.

Sin embargo, para muchos hay un teatro social, conocido también como teatro del oprimido, con una orientación muy concreta: transformar al espectador en protagonista de la acción y ayudarle a resolver conflictos reales.

Para Marín, este subgénero teatral tiene como objetivo “mostrar el teatro como herramienta para resolver conflictos desde otra perspectiva, aprovechando la imagen y el movimiento de los cuerpos”.

Diego Marín se dedica desde 1999 a la educación no formal en cuestiones como el aprendizaje intercultural o los derechos humanos y dirige el curso de teatro social que va a tener lugar en Lorca (Murcia) a finales de este mes de junio.

La ficción se vuelve realidad

Violencia de género, discriminación racial, anorexia, alcoholismo o explotación laboral. Los asuntos que toca este tipo de teatro son tan variados como conflictos entre personas pueden existir.

“A los participantes se les pide que creen una escena –comenta Marín-. Luego se trabaja la resolución del conflicto, que debe ser lo más realista posible”. Así, los “expectactores” observan, participan y proponen soluciones: “Nada es ficción. La forma de representar la realidad nos parece ficción, pero en realidad actúas en tu propio rol”.

Otra característica es que la escena puede acabar sin desenlace positivo o puede dar resultados muy llamativos: “A veces se llega a la situación ideal cambiando un gesto, una situación física o una actitud personal”.

Escenarios que liberan

Como afirma la Wikipedia, el padre del teatro social es el brasileño Augusto Boal. En España ha vivido poco desarrollo, aunque contamos con varios grupos en Barcelona (Pa’tothom, Trans-Fromas, Teatro  y compromiso y Femarec), uno en Granada y hasta un Postgrado en teatro social.

Una de las personas con más experiencia en este movimiento es David Martínez. Él ha participado en el proyecto europeo DramaWay de intercambio de ideas con organizaciones de Portugal, Finlandia y Estonia.

Su trabajo se centra en organizar sesiones de teatro social en prisiones de Barcelona, donde se interpreta la obra shakesperiana de “Hamlet” como pretexto para trabajar sobre situaciones parecidas que hayan vivido los internos: “Sirve para intimar con los compañeros y como terapia. Les preguntamos qué harían ahora en estas situaciones”.

Los participantes además representan voluntariamente una escena de un conflicto de su vida: “Una persona se planteó si había hecho bien agrediendo y robando. Incluso algunos han llegado a compartir escenas sobre sus propias fugas”.

Para Martínez el teatro social es un teatro educativo: “Trabajamos con aspectos de la personalidad. El objetivo es el conocimiento de uno y que nos aceptemos”.

La vida es sueño

dimecres, 16 de maig del 2012

Redacción de Castellano para Sant Jordi: "Un sueño por cumplir"




UN SUEÑO POR CUMPLIR


“Esta experiencia trata sobre un chico de diecinueve años llamado Jon. De estatura mediana, con el pelo corto y una cresta además de tener un cuerpo musculoso. Su “hobbie” es el atletismo (pértiga) y de esto trata la historia, una historia que le cambió la vida para siempre.”
CAPITULO 1: INICIO DEL VIAJE
Era un sitio inmenso, todas las paredes eran negras y no había una gota de luz. La oscuridad que tenía aquella sala te penetraba dentro de ti transmitiéndote no miedo, sino una tranquilidad impresionante. Estaba tumbado. El silencio tan grande que había me hacía sentir  bien. De golpe, en la pared se hizo una brecha y de allí, una luz cegadora empezó a iluminar el sitio con un ruido fuerte e incómodo que te penetraba en los oídos. Finalmente, con un parpadear de ojos la luz me invadió y cuando los abrí sólo vi a mi madre diciendo: ¡Venga, Jon! ¡Que nos vamos!

Estábamos en el avión. Mis padres emocionados, llevaban en la cabeza una gorra de color  fosforito con una foto mía y en la camiseta, de color amarillo, salía yo haciendo pértiga. Además, llevaban unos pantalones rojos bien vistosos para que los vieran la gente y supieran quién soy yo y quiénes eran ellos. No sé por qué, pues aún faltaban cuatro días para la gran competición, me levanté y me refugié en la soledad de mis pensamiento en el aseo del avión. Cuando me di cuenta, una voz suave de mujer a través del megáfono dijo: “Señores pasajeros, hemos llegado a Rio de Janeiro”.

Cuando salimos del aeropuerto, una limusina nos estaba esperando para llevarnos al hotel donde me esperaba el entrenador. No era muy vistosa, mejor. Durante el recorrido, podíamos ver la alegría que invadía las calles, decoradas con banderitas de todos los países del mundo de lado a lado, niños jugando, mujeres alegres que celebraban bailando al son de la música el gran torneo que se iba a celebrar...

Al fin llegamos al hotel. Mi entrenador, que también llevaba la misma ropa odiosa que mis padres, me dio una cálida bienvenida. Me mostró todas las instalaciones del hotel: la piscina, el restaurante, el jacuzzi, la sala de estar... Pero yo quería ver lo mas importante: mi habitación. Cuando por fin llegamos, yo, eufórico, abrí la puerta. Una brisa cálida me dejó sin aliento, y entonces vi la enorme y fantástica habitación en la que me alojaba.

CAPITULO 2: LOS ENTRENAMIENTOS PARA LA GRAN COMPETICIÓN

Mi entrenador me estaba esperando en la sala de estar ya todo preparado para irnos hacia las instalaciones, así que sin pensarlo dos veces subimos a la limusina rumbo hacia alli.

Cuando llegamos no podía creerme lo que estaba viendo. Había dos pabellones enormes para distintos deportes. Uno, rojo; el otro, azul. También había centenares de deportistas llegando de todo el mundo para entrenar. La alegría que me transmitía estar allí era impresionante: estar con deportistas como yo, con unos sueños por cumplir... Me hacía sentir bien. Tras estar un rato boquiabiertos observándolo todo,  nos  dispusimos a entrar. El nuestro era el rojo: atletismo, natación y gimnasia rítmica. Al entrar vimos que el pabellón estaba dividido en tres partes por medio de unas telas gigantescas. En el lado izquierdo estaba la pista de atletismo con todos sus objetos y sus luces, en el medio estaba la piscina para los de natación y a la derecha, estaba la pista de la gimnasia ritmica completa.

Cuando llegamos al hotel, me di una ducha para relajarme, me tumbé en la cama y encendí el televisor. Sólo hablaban de lo mimo, las olimpiadas de Rio de Janeiro y constantemente retransmitían el acto de bienvenida de aquel torneo tan alucinante.

Los tres dias siguientes me dediqué a familiarizarme con la gente de alli, con mis contricantes y empecé a acostumbrarme a las pértigas con las que competiría en el mundial.

CAPITULO 3: EL DIA DE LA GRAN COMPETICIÓN :

Eran las 6 de la mañana y ya estaba todo listo para el gran evento. Bueno, todo no,  yo no estaba preparado para entonces. Los nervios me invadían todo el cuerpo transmitiéndome inseguridad, miedo, incomodidad... Al salir de mi adorable habitación, me sentí nervioso. Vi el rostro de mis padres con la ropa aquella que me hacía sentir aún más mal, pero la verdad es que ahora me daba igual. Con sólo pensar que mis padres estaban alli ya me tranquilizaba.

Al fin llegamos al gran estadio de atletismo. El entrenador, como siempre ,estaba esperándome en el parking.
- !Jon! !Tu puerta está allí! !Ánimo y nos vemos en las gradas! -me gritó eufórico

Así que, sin pensarlo, me dirigí hacia la puerta. Al entrar, sólo vi a mis contricantes sentados, con las manos a la cabeza. Estaban tan nerviosos como yo. A los cinco minutos salimos a la pista. Era emocionante. La gente de la grada empezó a gritar y a celebrar  nuestra salida. Os puedo asegurar que no se puede expresar lo que uno siente en ese momento.

Después de calentar, llegó el momento de empezar la competición. Poco a poco, la gente iba cayendo a los 5,55, 5,65, y 5,95... Yo, siguiendo las órdenes de mi entrenador, y con los ánimos de mis padres hice el salto. A los seis metros la cosa cambió, sólo quedamos cuatro. Mis nervios me invadían todo el cuerpo, no podía ser, tenía que concentrarme, no podía fallar... ¡Y salté!

Era segundo en el ranking mundial de pértiga con medalla de plata. Era el último salto de 6,10 y mi contricante no había saltado el primero, y estaba eliminado. Era mi última oportunidad y poder proclamarme campeón del mundo. No se oía nada, mis nervios no dejaban concentrarme. Cerré los ojos y empecé a pensar en mis padres.
- Vamos Jon! -gritó mi padre desde la grada

Era el momento. Empecé a correr con mi pértiga hacia la colchoneta. Llegué, batí, subí, giré y abrí los ojos.
- !Venga, Jon! !Que nos vamos! -exclamó mi madre.